Hola, soy un disco de Machín en casa de la abuela. Bueno, Doña
Virtudes no siempre ha sido abuela. Yo la conozco desde que tenía 25
años más o menos (No llevo muy bien la cuenta. Mi vida ha dado
tantas vueltas que he perdido la noción del tiempo). Se casó,
según mis cálculos (que no son muy fiables), a los 18 años
con un vendedor ambulante de embutidos que resultó ser un chorizo de
mucho cuidado. Se fugó con una charcutera, dejándola sin un
puto duro, con dos hijos y la hipoteca del piso. Eso pasó un mes después
de mi llegada, o sea, un mes después de su 25 cumpleaños. Yo
fui su regalo.
Doña Virtudes tiene el tocadiscos, (una antigualla, por cierto) frente a un reloj de pared de esos que sale un pajarraco (iba a decir un pajarito, pero tiene una pinta de cuervo que te cagas, el condenado). A veces, cuando estoy girando y me aburro (que suele ser casi siempre porque ya estoy hasta el moño de tanto escuchar al Machín de los cojones, siempre con el mismo repertorio. En eso las cintas de cassette tienen más suerte. Pueden volver a grabarse y, por lo menos, de vez en cuando cambias de rollo. Aunque no me puedo quejar. Podría haber sido un disco de canciones del Papa Juan Pablo II y entonces sí que me suicido)...
... Estoooo?... ¿De qué estaba hablando?... ¡Ah, sí!... Cuando estoy girando y me aburro, calculo las vueltas que doy en cada canción y, mirando el reloj, sé cuánto duran exactamente. Así descubrí que cada 33 vueltas que daba pasaba un minuto... Bueno, menos un día que vinieron los nietos de Doña Virtudes y empezaron a jugar con el tocadiscos mientras yo estaba girando... "Dos gardenias paraticonellasquierodecirtequiero..." Me sacaron de quicio..... "Y e s q u e h a n a d ivinadoquetu a m o r sehaterminado... ". Doña Virtudes les dijo que se quedaran quietecitos mientras iba a comprarles la merienda... Creí que era mi final. Empezaron a cambiar de canción en canción por el camino más corto, o sea, sin levantar la aguja de mis surcos... ¡Fiiuuuuggrrrrr! No sabéis el daño que hace eso. "Si tequierescon e l p i c o d ivertircompratéuncu c u ru chitodemaní..." No se conformaban con cambiar la velocidad del tocadiscos, sino que me paraban con el aparato en marcha (Tipo disc-jockey). Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no... "madrecita del al al al.... fiuuuuuuurg..... alma alma alma que que que querida... en en tu pecho pe pe... fiuuuurg... pe pecho.... madreci madreci ci ci ta ta...." Yo notaba el plato por debajo de mí rozando impunemente mi cara B con su viejo disco de goma. ¡Dios mío, cómo escuece! Desde aquel día una de las canciones está rayada (Eso sí que jode)... "Cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco... tar loco... tar loco... tar loco..."
A partir de aquel maldito día cuando Doña Virtudes escucha esta canción, rompe a llorar y deja que dé vueltas y vueltas sobre el mismo surco... "tar loco... tar loco... tar loco... " Un día estuve 20 minutos girando. Me volví loco de verdad. Estuve a punto de aprender a hablar... ¡Doña Virtudes, socorro!... "... tar loco... tar loco... tar loco... tar loco... ", pero ella estaba llorando mientras miraba la foto de su marido. ¡Los humanos son la hostia! ¡Después de tanto tiempo y aún se acuerda de él! "...tar loco... tar loco..." Fue entonces cuando me convertí en un disco de Machín "rayado" en casa de la abuela.
Para un disco, estar rayado es como jubilarse anticipadamente. Es sinónimo de "coñazo". Nadie quiere poner un disco rayado porque sabe que, tarde o temprano, tendrá que levantarse para darle un golpecito a la aguja... ¡Es como oír cantar a un cantante tartamudo!
Para rematar la faena, en Navidad, le regalaron un reproductor de compact-disc con un doble disco que contenía todos los éxitos de Machín. Como podeis imaginar no me hizo ninguna gracia el regalito. Me puse triste y no lloré de milagro (bueno, el milagro hubiese sido que llorara. Era sólo una expresión). Al principio, Doña Virtudes, usaba el compact diariamente y reconozco que sonaba bien. Se distinguían instrumentos que yo ni siquiera había reconocido en mi grabación. Tuve la sensación de no conocerme a mí mismo. ¿Y esos bongos? ¿Y ese piano de fondo? ¿Y esos coros? Me sentí un poco como Doña Virtudes. Con la sensación de no haberle sacado jugo a mis surcos, sin darme cuenta de lo que tenía realmente. Me sentí más cerca de ella y la comprendí por primera vez (¿Y esos violines?, tarari, nianonianoooo...) Ella, como yo, se conformó con dar vueltas sobre su propia casa y yo, que siempre quise ser un disco de Elvis Presley, no me di cuenta que detrás de la voz de Machín había mil matices, trompetas, flautas, pianos, congas, campanas... toda una fiesta.
Después de unos meses se acordó de mí. Cuando me sacó
de la funda noté algo especial, un extraño cosquilleo. Me colocó
suavemente en el tocadiscos y soné como nunca había sonado.
Sentí renacer. Como si fuese la primera vez. Ella también estaba
más alegre. Había cambiado un poco la decoración de la
casa, e incluso tenía visitas de vez en cuando. (Parece ser que ha
conocido a un abuelete muy simpático que le está haciendo la
vida un poco más agradable. Lo conocí el otro día y es
muy majete).
El reloj de la pared ya no estaba y eso me aliviaba. Ya nunca más me
molestaría con su cu-cu (sobre todo a las 12), mientras sonaba nuestra
canción..... "Como se pueden querer dos mujeres a la vez y no
estar loco... tar loco... tar loco... tar loco... tar loco... tar loco...
tar loco... " ... ¡Doña Virtudes, por favor!