Aquel día tenía hambre, como todos los días. Estaba
haciéndome unos huevos fritos con beicon, pimientos de Padrón
y un poco de pisto manchego que había sobrado del día anterior
cuando sonó el teléfono. Justo cuando me disponía a mojar
el pan en una de las yemas. Creo que era la yema del huevo de la derecha porque
recuerdo que me fijé en el aceitillo del beicon que caía como
la lava de un volcán alrededor de una isla y eso me creó una
secreción de saliva importante. Mi cerebro me decía "moja"
y yo mojé, mojé de una forma casi ceremonial, como el que inaugura
un pantano. "Queda inaugurada la desaparición de este huevo frito
(el de la derecha)" y apreté suavemente con un trocito de pan
de molde con cereales y frutos secos hasta que se produjo la suave explosión
de la yema ¡Pacss! El líquido se fue esparciendo por el pan,
por el beicon, tiñendo el tomate del pisto de un color naranja galáctico
y mezclándose con el aceite y los pimientos. Me quedé mirando
el recorrido con el trocito de pan en la mano y el teléfono sonando.
Imaginé que el timbre del teléfono era una alarma y el trocito
de pan un helicóptero XR-Trigo de salvamento que tenía que rescatar
a los pimientos del padrón, unas naves tripuladas por unos seres diminutos
del planeta "Pephitax" que habían aterrizado en el sitio
equivocado, el planeta "Platosh", un lugar con una atmósfera
aceitosa irrespirable. Tenía que intentar rescatarlos antes de que
quedaran atrapados por ese liquido amarillo corrosivo e inflamable, que expuesto
a temperatura ambiente se solidificaba atrapando a sus víctimas de
forma implacable......... El teléfono dejó de sonar.........
Me empecé a comer los pimientos....... Una de las naves, después
de entrar en mi boca explotó y esparció todo su combustible
por mi paladar originándome un escozor de 3 pares de "Cojones
estelares" y 700 "Megaovarios plutónicos". En ese momento
me di cuenta de la dificultad de mi misión. Todavía quedaban
5 pimientos y mi paladar no aguantaría una nueva explosión.
Cambié de estrategia y primero me comí las yemas menguando ligeramente
el escozor de mi garganta y creando dos cráteres donde coloqué
las 5 naves después de extraerles el "rabillo-propulsor"
para que la masticación final fuese más llevadera... Enrollé
la "placa calcárea" y lo puse todo en la superficie de una
rebanada de pan integral de cereales con pasas, una plataforma perfectamente
acolchada para transportar pimientos. Lo cubrí todo con dos láminas
de beicon, que ayudaron a dar solidez al transbordador, y el pisto manchego,
que resultó ser una sustancia que protegía contra las partículas
de aceite de la atmósfera absorbiéndolas al menor contacto...
Algunas pepitas no pudieron aguantar la presión de la atmósfera
y perecieron antes de llegar a la zona bucal cayendo al vacío... Abrí
la boca lo mas que pude y me metí todo el "Convoy" en el
interior masticando como una bestia hasta lograr tragármelo todo en
un tiempo récord... 1 minuto y 47 segundos aproximadamente. El anterior
récord lo tenía un japonés con 1' 59" pero sin pisto.........
La verdad es que estaba riquísimo......... Volvió a sonar el
teléfono......... Dejó de sonar....... Bebí un poco de
vino...... Para entonces ya se había montado una fiesta en mi estómago.....
Sentí un placer inmenso......... Volvió a sonar el teléfono.......
Parece evidente que aquel día no estaba para nadie.