Aquel día tenía hambre, como todos los días. Era verano
y, mientras iba hacia casa, empecé a pensar en prepararme un buen plato
de melón con jamón. En casa no tenía ni melón
ni jamón ni nada que terminara en "on" para comer. Ni siquiera
tenía nada que terminara en "an" ni en "ta" ni
en "evo" ni en "olla" ni en "eso" ni en "esa"
ni en "uga" ni en "fa" ni en "na"... Recuerdo
que caminaba rumbo al supermercado a punto de cruzar el último semáforo
cuando de pronto mi cerebro empezó a sugestionarme... Melón
con jamón... Melón con jamón... Melón con jamón...
Empecé a segregar saliva... (¿Por qué hace estas cosas
el cerebro?) El semáforo, que se había puesto rojo en ese preciso
instante, me pareció que no iba a cambiar de color en la vida mientras
la boca se me hacía agua pensando en el jugo dulce y refrescante del
melón haciendo contraste con el intenso sabor salado del jamón...
Joder, que hambre.
No pasaba ningún coche ni había ninguno cerca así que
crucé la calle sin esperar a que se pusiera verde. Una señora
que iba con un niño de 3 o 4 años me pegó una bronca
descomunal desde la acera... ¡Vaya ejemplo para los críos! ¡Cruzando
en rojo!... Era la misma señora y el mismo niño que había
visto el domingo pasado parados en un semáforo de una calle estrecha,
secundaria, por la que no pasaba nadie. Le pegó el broncazo al niño
porque iba a pasar en rojo. Estuvieron los dos esperando a que se pusiera
verde como dos estatuas. Era una calle de cuatro metros de ancho, no se veía
un coche en toda la zona. Solo tenían que dar 4 o 5 pasos y ya estaban
en el otro lado. Mientras el niño, estupefacto, veía como la
gente pasaba del rojo y de su puta madre... El chaval no entendía nada...
¿Por qué no pasamos?... ¡Calla, niño!... Si todo
el mundo cruza... ¡Qué te calles!... ¿Pero si no pasan
coches, mama? ¡Plaaas! (ostiazo)... ¡Hay que pasar cuando este
verde y punto!... Desde aquel día pienso que es mejor enseñar
a los críos a afrontar el peligro que a exagerar la prudencia...........
El caso es que yo cruzaba la calle y tenía hambre... Melón con
jamón... Melón con jamón... Melón con jamón...
Entré en el supermercado, cogí un carro y me hice una lista mental de la compra... Melón... Jamón... Eso estaba claro... Pan... Patatas... Huevos... Cebollas... Queso... Mayonesa... Lechuga... Alcachofas... manzanas... Lo primero fue ir en busca del jamón y el queso en la charcutería aunque ya que estaba allí también compré beicon, salchichón y un poco de mortadela (A veces me gusta comprar cosas que terminen en "ela" para variar). Compré todo lo demás dejando el melón para el final.
Elegir un melón es de las cosas más difíciles que existen. Si te equivocas en la elección, la has cagado. No sirve de nada preguntarle a la dependienta, te dirá que están todos buenísimos "Están dulces, dulces, dulces..."¡Ja, ja! (Esta risa es sarcástica como podréis suponer). No niego que a veces es cierto, pero siempre esta "aquel melón" ahí, acechando, poniendo cara de bueno, con su pinta de dulce y su sabor de pepino... Pero a mi no me engañan. Son muchos años de experiencia y no podía fallar...... Me puse mis guantes NAIC de "toqueteador de melones" y empecé uno por uno a darles golpecitos suaves, a olerlos observando la superficie de la piel, las grietas, el color, ligeras caricias, apretando ligeramente las puntas... (A veces hasta me pongo cachondo). Hay que tener una sensibilidad especial para escoger melones. A mí me enseñó mi padre... Mi abuelo le enseñó a él... Y el padre de mi abuelo... Bueno... no... mi abuelo no supo nunca quien fue su padre... Pero da igual, son tres generaciones de "toqueteadores de melones"... Por algo se empieza........ Fui tocando y tocando hasta que la dependienta me llamó la atención... "Lleva Ud. media hora tocando melones. Decídase ya, por favor, que tenemos que cerrar"... Era demasiada presión, necesitaba concentración pero en ese instante lo encontré... ¡Lo tengo! Dije guiñándole un ojo a la dependienta....... Pesó casi cuatro kilos y medio y le llamé "Tardón" (Siempre le pongo nombres a los melones, es una tradición familiar).
Salí apresuradamente del supermercado y me topé nuevamente
con la señora y el niño que estaban parados en el semáforo
como de costumbre (Coño, igual es una adicta a los semáforos,
pensé). Se puso verde y la señora cruzó como siempre
correctamente aunque esta vez tenía mucha prisa y arrastraba al niño
"Venga que va a venir tu padre y no estará la comida hecha".
Por algún motivo el niño tiraba de la mujer para intentar que
no cruzara... En ese momento una ambulancia arrolló a la señora
y la envió a tomar por culo... ¡Dios, que hostiazo! El niño
del susto cayó encima de mí y el melón, a su vez, cayó
al suelo y se rompió en mil pedazos, bueno, en tres o cuatro, es un
decir. Entonces me di cuenta que estaba verde... pero verde verde.
Al final tuve que comerme un bocadillo de tortilla............ La señora
murió, por supuesto.....
MORALEJA: NUNCA TE PRECIPITES A LA HORA DE ELEGIR UN MELÓN.